31 DE OCTUBRE: LA TRANSFORMACIÓN DEL PARADIGMA

Uno de los comentarios que frecuentemente escucho cuando pienso en realizar un cambio o recomiendo un cambio, es: “Imposible. Así se ha hecho siempre y no se puede.” Y últimamente, a raíz de las noticias con respecto al proceso de paz de mi país y las múltiples reacciones al respecto, me he enfocado en dos palabras que llegaron a mi a través de un video de la historiadora Diana Uribe: Paradigma y Utopía. Esta misma historiadora dice que a los colombianos nos cuesta mucho imaginar la paz, por toda la transformación que significa llevar a cabo y poner en práctica un proceso de paz.

Y allí entra la primera palabra: Paradigma. El diccionario la define como “el resultado de los usos y costumbres, de creencias establecidas de verdades a medias; un paradigma es ley hasta que es desbancado por otro nuevo.” No necesariamente un paradigma es algo malo. Pienso que si el paradigma me lleva a avanzar, a no dejarme vencer, pues es genial. Como por ejemplo: el colombiano es muy recursivo. Y lo somos. No nos detenemos ante nada principalmente en situaciones extremas. Sin embargo, hay otro paradigma que no es tan positivo y es el paradigma de que somos violentos, o de que no pensamos en comunidad. Somos individualistas. Eso hace, que no creamos que proyectos importantes y que implican la participación de todos sean imposibles de alcanzar y nos llenamos de condicionamientos y justificaciones mentales para no intentarlo. Somos testigo de ésto cada vez que tenemos la oportunidad de ejercer nuestro derecho a votar y a elegir nuestros líderes. Abstenciones de más del 50% lo confirman.

Y ahí entra la segunda palabra: Utopía. Significa “plan ideal, proyecto o deseo, atrayente y beneficioso, generalmente para la comunidad que es improbable que suceda o que en el momento de su formulación es irrealizable”. ¿ Es tan irrealizable concebir la idea de una Colombia sin guerrilla? ¿Es tan utópico pensar que en 50 años nuestro país sea completamente diferente al que es hoy, con más justicia social? Y he llegado a concluir de que una de las cosas que más nos limitan es que nos cuesta proyectarnos hacia un futuro. Si no obtenemos resultados inmediatos y visibles, pues simplemente no funciona. Nos cuesta asimilar lo que significa la palabra “proceso”.

Entonces, llevando todos esos pensamientos a mi propio mundo, a las propias creaciones logradas y a las aún pendientes, caigo en cuenta de mis propios paradigmas y cómo algunos me impulsan y cómo otros me sabotean. Y nuevamente un Samhain más para morir a todo aquello que me impide avanzar. Un Samhain más con la esperanza de un  renacer  más luminoso, armónico y feliz.

Qué rico sería que cada uno de nosotros no sólo quemáramos en la fogata nuestros paradigmas personales, sino los paradigmas que nos impiden creer y crear nuestra Utopía como comunidad. Esa sociedad ideal de la cual Thomas More una vez escribió y de la cual se deriva hoy esta palabra. Mi trabajo con los grupos y la personas en consulta se resume básicamente en eso: es posible vivir nuestra utopía. Confía en tu capacidad y terminarás viviendo tu utopía. Pero todo a nivel individual, porque dentro de mi, también pienso que trabajarlo a nivel grupal es difícil y ni siquiera lo intento.

Nuevamente una oportunidad de transformación este 31 de octubre donde quemaré esos paradigmas con la esperanza de vivir la utopía. De que como sociedad transformemos los paradigmas que nos impiden imaginar la paz. Una cosa son los políticos y su forma de hacer las cosas, pero los demás somos más y confío en que podremos utilizar todas nuestras cualidades, todo lo que nos hace ser reconocidos (nuestro empuje, nuestro baile, nuestra música, nuestra comida, nuestro ingenio, nuestra forma de mamar gallo, nuestro país con paisajes fantásticamente únicos, nuestra forma de demostrar afecto y tantas cosas más) para que podamos juntos perdonar, no para cambiar el pasado, sino para transformar el futuro.

Y justo este 31 de octubre tendremos un gran trígono de agua: Luna en Cáncer, Sol en Escorpión y Neptuno en Piscis. Una energía  que nos ayuda a elevar nuestras emociones, a ser realistas y a pedir lo “imposible”.

 

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